En Chivirico, la escuela volvió a latir con más fuerza.

La mañana en Chivirico amaneció con un rumor distinto. No era el rumor del mar Caribe besando la playa, ni el bullicio del mercado agropecuario. Era un murmullo de niños, pero con un tono especial, una chispa de emoción. La emoción del reencuentro se mezcló con el eco del trabajo. El inicio del cursi no solo representa un retorno, sino una renovación de la esperanza de que la educación, forjada con pasión y humanismo, es la herramienta más poderosa para transformar realidades.

Periodista: Adrielis Jerdines Dias

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