Masacre del Peladero.

Rufino Román Martí la O, más conocido como Martincito nació 28 de marzo de 1933. Nació en el Ramón de Portillo en cinco Palma por Granma. A muy temprana edad sus padres lo trajeron a vivir a estos lares de la Sierra Maestra y hoy con 88 años de edad guarda en su mente la triste realidad que vivió el campesinado antes del triunfo de la Revolución en 1959.

Rufino resultó uno de los escasos sobrevivientes del hecho cruel perpetrado por los guardias de la dictadura de Batista cuando masacraron vilmente catorce campesinos que vivían cerca del lugar conocido como El Peladero. Él nos narra cómo el destino por azar lo salvó milagrosamente pues los «casquitos de Batista» sometían cual juego de la suerte, quien vivía y quien moría.
El juicio o la sentencia la daba el azar entonces.
Cuenta Rufino que: llegué del trabajo duro del campo a las once de la mañana aquel seis de agosto y cuando me senté a comer, se apareció un sargento junto a dos guardias, a detenerlo pues el capitán lo mandaba a buscar.

Cuando llegué a la casa del dueño de la finca, desarrajada por los guardias, estaba sentado el capitán. Enseguida me comenzó a interrogar y me dijo sin más ni más: «Recibirás herencia, descanso y retiro en estos días».
A nosotros nos acusaban de ayudar a los rebeldes y en la casa del dueño de la finca encontraron comida y medicina y preguntaron ¿Por qué estaba eso ahí?. Yo le dije que eso estaba ahí porque era de los trabajadores y si vienen los rebeldes ellos nos la cogen. Enseguida el capitán le dijo al sargento: Llévalo para la orilla del río y refréscale la mente. Y allí en ese lugar comenzó a darme con una fusta de cable con plomo en la punta y me daban por donde quiera, me reventaron un tímpano del oído y me afectaron un nervio visual. Ahí nos tuvieron tres días, encerrado, sin comer y beber agua. Y nos sacaron dos días después a veinte y cuatro campesinos amarrados con una soga y cada uno atados de manos atrás.
Nos acostaron boca arriba en el secadero de café y boca arriba, mirando el intenso sol hasta la una de la tarde con las manos atadas ,hasta que pedimos agua y les dijimos que teníamos deseo de orinar y entonces la mujer del viejo Manolo Pardo se cayó a palabras con los guardias y les dijo que eso era un crimen tenernos así. Entonces el capitán mandó al viejo Pardo a que buscara agua en el río.

El viejo con un cubo viejo que le dieron en la tienda de los chinos fue así mismo al río y con una latica que tenía gusano de residuo de puré de tomate, nos la pegaba en los labios y él nos daba poquito a poquito. Entonces pedí orinar y me dijeron que ellos nos iban a matar poco a poco. Y le dije que me metieran un tiro.
Luego nos dejaron hasta las cuatro de la tarde que cogieron a un padre y su hijo en la finca del Pinalito, que si sabían quiénes eran los que habían participado en el combate del Uvero.

Nos metieron debajo de una tabla del mostrador de la tienda y todo el que cayó a la izquierda se salvó y los de la derecha los mataron. Yo me salvé junto a Antonio Nieto Cordero, Agustín Ramo Pozo, Marino Río y yo, Rufino Román Martí La O que también me decían Reinerio y también Mustafá.
A las cinco de la tarde salió la lancha para Santiago y nos tuvieron encerrado cuatro días hasta que llegó el comandante Barrera y él mismo desmintió al capitán que nosotros no éramos maumao y que no nos había capturado en combate.
Después nos sacaron del cuarto de montura para el comedor y al otro día vinieron unos periodista de La Habana y nos entrevistaron y luego nos dieron la libertad, aunque antes de soltarnos nos pelaron al rape, ya que el tiempo que nos estuviera saliendo el pelo iba a ser visto como una condena.
Nos dieron cinco pesos para que nos fuéramos desde Margo hasta Santiago y yo me quedé en el cobre. Ese es el recuerdo que tengo de mis compañeros asesinados y de los cuatro que quedamos vivos entonces yo soy el único que puede darte fé de lo sucedido .

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