Amor a los medios de trabajo.

Alcides Hopkins Álvarez, vecino de la comunidad de El Papayo a unos tres kilómetros de Chivirico, en este santiaguero municipio de Guamá, es de las personas que constituyen referentes al momento de destacar quienes resultan fieles veladores de los medios de trabajo que le proporcionan el sustento económico de él y su familia.

Cuando llegué a la carpintería de «Tito», seudónimo como mejor le conocen, quedé asombrado con la enorme cantidad de medios de trabajo para ejercer el oficio, cuyos recursos datan de la década del cincuenta y exhiben una excelente conservación a pesar del tiempo de explotación al cual han sido sometidos.

Lo primero que resulta curioso es cómo en pleno siglo 21 donde gracias a la energía eléctrica casi todo se hace usando motores eléctricos, este se mantiene reacio a continuar moviendo sus hojas de sierra y mandriles para tornear la madera, dependiendo del movimiento que imprime un motor de combustión interna de tres pistones marca MWM fabricado en Inglaterra para ser usado en embarcaciones y desde los primeros años de la década del sesenta lo tiene en uso y , como dice él: «Ahí está el caballo que no dice no».

Hoy Tito cuenta con ochenta y cinco años de edad, ya sus achaques de salud no le permiten continuar empleándose a fondo en su carpintería, la que le dio el presupuesto para construir una de las viviendas de mayor tamaño acá en Guamá, que tal vez pudiera equivocarme, pudo haber sido la primera en el territorio. Pero este señor es un ejemplo de lo que debe hacerse para cuidar con mucho celo los recursos patrimoniales de familia que sirven y rinden utilidad dignamente para alcanzar con él sustento personal lo que uno se proponga.

El nos mostró la colección de cepillos para trabajar la madera, los llamados sargentos o fijadores de todo tipo, trinchas, espátulas y todo cuanto le rinde utilidad aún.

En la entrevista publicada en la revista Presencia de Radio Coral Tito hizo público que en una ocasión se le acercaron para comprarle su motor estacionario marino y le propusieron ochenta mil pesos cuando el dinero estaba bien valorizado Y, le dijo que aunque le dieran cien mil. «Yo no me deshago de lo que me proporciona estabilidad y tranquilidad espiritual y material».

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