Fidel entre Nosotros: Memorias de quienes lo recuerdan

Las huellas del gigante siguen latentes en la Sierra Maestra y la gente que vive aquí todavía  tiene cosas que decir. Son personas que cuentan en su pasado esa maravillosa oportunidad de haberlo visto aunque directamente no hayan cruzado palabra alguna con él. Fidel es figura de leyenda para muchos que sólo pudieron conocerlo a través de fotos, trabajos audiovisuales o periodísticos, pero a  este vecino guamense la vida le jugó diferente.

Fidel sigue entre nosotros. Nosotros somos Fidel. ¿Alguien lo duda?

En el barrio de Las Calabazas en Chivirico donde vive  lo  conocen como Sinsonte pero su verdadero nombre es  Luis Cisneros Pérez. Ya no es un jovencito como en antaño más todavía mantiene fresca en la memoria las veces en la que la figura de Fidel Castro formó parte en su historia personal.   Lo vio por primera vez en los años 60 cuando era un adolescente. Aquello fue en Tarará donde estuvo becado y coincidentemente estaba un hijo del líder de la Revolución en el mismo bloque. La impresión que recuerda es inmensa:

 ´´ –¿Quién no desea ver con sus propios ojos a un titán como lo fue Fidel? –´´me dijo.

Con el tiempo se adaptó a verlo más seguido, pero uf!…, aquella primera vez no se le borrará, solo únicamente muriéndose.

   ´´ –Él saludaba muy atento, como si nos conociera de toda la vida –me cuenta–.  La segunda vez fue pasando el ejército en el 66 en la misma capital. Mi unidad era la de la compañía de comunicaciones. Ahí mismo nos seleccionaron para participar en la construcción de uno de los embalses que proveen agua a la ciudad y seguí viéndolo porque él daba siempre sus vueltas para ver cómo andaba la obra.

Cuando tienes la oportunidad de tener cerca a una figura de tal magnitud es imposible dejar de admirarlo. Siempre que se presentaba al lugar todos los guardias corrían a su encuentro. Nadie quería perderse el momento. Fidel se interesaba por nuestras condiciones, lo mismo que por los civiles que por nosotros lo militarles Que si comieron bien, que si durmieron bien.  Nunca dejaba de preguntar.

Después lo vi varias veces en La Habana, en el antiguo Chaplin, actual Carl Marx y esas no fueron las únicas veces. Aquí en Santiago, en la plaza por ejemplo, son incontables. La última fue antes de enfermarse, que, ahora que recuerdo, tuvimos que salir bajo la lluvia. En mi vida ha sido importante y un grandioso mérito haberlo conocido.´´

    “No importa si  le estreché la mano o no, ni que nunca haya hablado directamente con él. Sentí su presencia y lo tengo a la altura de un Padre de la Patria. Gracias a su empeño la mayoría de los cubanos que éramos un pueblo pobre nos hemos convertido en un pueblo libre. Fidel tenía confianza en la juventud y por ella también hizo. En otros lados del mundo nadie se mata por ver a los hombres que los gobiernan.

Por Fidel sí, la gente se desvivía por tener la ocasión de verlo. Cuando me enteré de su muerte fue duro, impactante. No podía creer que alguien tan entrañable nos dejara.”

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