La Calabaza vino a tirar un cabo

Cuando comenzaron a sentirse en nuestro país los efectos negativos colaterales originados por la Covid-19, me refiero a la disminución considerable de la importación de recursos alimenticios, la primera decisión estatal cubana de autodefensa nacional ante las carencias que se avecinaban fue, la siembra de productos del agro que en ciclos cortos pudieran satisfacer las crecientes demandas de la población y sopesar en parte las limitaciones propias de este difícil período.

Acá en Guamá, un municipio de la provincia Santiago de Cuba, no faltaron pocos que llegaron a expresar que la Calabaza jamás los campesinos de aquí ,la usaron como alimentación humano, pues era  considerada como un vegetal que por tradición se empleaba como alimentación animal.

Hoy la Calabaza adquiere circunstancial mente otra perspectiva, pasó a ocupar un lugar de preferencia dentro de la cultura culinaria del guamense. Dicen que es propio de los haitianos el nombrado «fufú de Plátano con Calabazas» y huevos fritos, como plato de exquisita factura, pero lo que sí les aseguro es que éste una vez consumido, eleva a grado sumo el espíritu de combate y de lucha para ir con energías a una jornada de trabajo con excelentes resultados.

Lo que sí estoy seguro es que la Calabaza nunca deberá faltar en la elaboración de una sabrosa caldosa, algunas cocineras se resisten en echársela, pero el color que le proporciona es vital para caracterizar lo genuino de asistir a este tradicional plato.

«¿Quién dice que la Calabaza es comida de «Macho»?. Por favor, a este vegetal le deberemos mucho cuando se haga un balance de las acciones concretas que hicieron los horticultores cubanos para mitigar los efectos negativos que originarían las limitaciones de importación de alimentos a las que estábamos acostumbrados en el esquema de dependencia de otras naciones antes de la Covid-19.

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