60 años de una historia: «combate de Mar Verde del Turquino».

Mar Verde del  Turquino está ubicado en la profundidad de la Sierra Maestra en el actual municipio Guamá, bordeando el río Turquino a una distancia de 22 Km de la desembocadura al mar, del  río La mula. En este lugar el 29 de noviembre de 1957 , hace 60 años,  se desarrolló el combate que se conoce con el nombre de Combate de Mar Verde del Turquino, dirigido por el Comandante Ernesto Guevara.

 Apenas el sol había comenzado a salir, unos de los pocos campesinos que quedaban en la zona, le llevó al Che la noticia de que había visto algunos soldados buscando gallinas y huevos en una casa a una distancia de medio Kilómetro. Inmediatamente el Che mandó al campesino a que averiguara todo lo que pudiera sobre el enemigo. El campesino no se animó a cumplir su cometido totalmente, pero le llevó  la noticia al Che de que unos o dos kilómetros arriba,  subiendo la Sierra de la Nevada, había un grupo grande  de soldados acampados. No podía ser otro que Sánchez Mosquera.

El Che rápidamente organizó la forma de entablar combate para cercarlo en algún lugar propicio y causarle la derrota. Contaba para ello con dos caminos posibles; tomar el de Sierra Nevada, para tras un fatigoso viaje, pasando Santa Ana salir a California y de allí, a las Minas de Bueycito, o lo que parecía más lógico, por lo corto del viaje y por las posibilidades que para el conllevaban, que Sánchez Mosquera siguiera la ruta inversa y llegara, por el Río Turquino al pequeño pueblecito que estaba situado  al pie mismo del Monte Turquino en el actual  Ocujal de Turquino.

 Por las dudas, tuvieron que reforzar rápidamente los dos frentes, para impedir que  el enemigo rompiera el cerco que se le pretendió realizar, pues si decidía irse por la parte superior del camino de la nevada, no había para la fuerza rebelde posibilidad de presentarles combate salvo que Camilo Cienfuegos les hubiera seguido.Camilo había luchado con ellos el día anterior por la zona de Altos de Conrado y en esos momentos no se sabia de su paradero, sin embargo fueron llegando algunos mensajeros.

Las fuerzas de reserva que tenían los rebeldes en El Hombrito se movilizaban por la zona de La nevada para colocarse por encima de Sánchez Mosquera y cerrarle el camino. Camilo había llegado y estaba en esa zona. Se les envío órdenes de que no se dejara ver ni entablara combate hasta que no se oyeran los primeros disparos, salvo que trataran de salir por la zona que ellos defendían. Por la parte oeste se envío a las escuadras de los tenientes Noda y Vilo Acuña;  al este el capitán Raúl Castro Mercader cerraba el cerco. La pequeña escuadra del Che con algunos refuerzos, era la encargada de hacer la emboscada en el caso de que como se suponía, trataran de bajar hacia el mar.

 En las primeras horas de la mañana, ya completo el cerco, se dio la voz de alarma. Se veía la punta de la vanguardia enemiga avanzar por el camino real que, siguiendo el pequeño arroyo existente en esa zona que se dirige al Río Turquino. El lugar elegido para comenzar la lucha en el caso que llegaran por el lado del Che, estaba flanqueado por una cuchilla de potrero que permitía mantenerse ocultas en uno de sus lados a las tropas rebeldes, pero no actuar ni hacer observaciones, sino después de iniciado el combate. Esto ocurría a un lado del camino, en él,  estaba acostado el Che, que debía disparar a quemarropa sobre los soldados y uno o dos metros más adelante estaba Joel Iglesias y otros combatientes. La posición era ideal para eliminar a los primeros, pero no permitía seguir la lucha, los rebeldes pensaron que inmediatamente se retirarían las tropas enemigas, para buscar mejores posiciones y los rebeldes a su vez podrían abandonar la emboscada.

Se oyeron los pasos de los soldados casi encima de los guerrilleros, en el potrero habían visto que solamente eran tres hombres pero no pudieron avisar a tiempo. En esa época la única arma del Che era una pistola  y como el planteó en sus pasajes de la guerra: “Me sentía nervioso por la suerte de dos o tres compañeros que estaban más cerca que yo del enemigo, de modo que apuro demasiado el primer disparo y erré el tiro”.  Inmediatamente, como sucede en estos casos se generalizó el tiroteo y fue atacada la casa donde estaba el grueso de las fuerzas de Sánchez Mosquera. Junto al camino había una manigua y, en ella un hueco tallado en el Tibisis por donde se habían deslizado los soldados enemigos. Se inició de inmediato la búsqueda para cercarlos, ya que no aparecían otros soldados.

 Mientras el Che daba la vuelta, Joel Iglesias, seguido por Rodolfo Vázquez y de Geobel Rodríguez, se entró por el mismo camino de los soldados, siguiendo el túnel vegetal, se oía la voz de Joel intimándoles a la rendición y asegurando la vida a los prisioneros. De pronto de oyó una sucesión rápida de disparos y los compañeros le avisaron al Che que Joel estaba gravemente herido, sin embargo la suerte de Joel   fue extraordinaria, tres fusiles  le dispararon a quemarropa: su propio fusil  fue atravesado por dos balas y su culata rota, otra le quemó una mano, la siguiente una mejilla, dos le perforaron el brazo, dos una pierna, y algunas más le  rozaron también. Estaba cubierto de sangre, pero sus heridas eran relativamente leves. Lo sacaron inmediatamente.

 Antes de ocuparse del combate en general, debían seguir buscando a los tres soldados. Pronto se oyó una voz de un compañero que gritaba “¡Allí están!”, señalando el lugar con escopetazo de su calibre doce y al poco rato la voz de los soldados. Ese era el saldo por el momento. Enviaron a los prisioneros por el mismo camino del herido rebelde. Según el interrogatorio hecho a estos, Sánchez Mosquera tenía entre 80 y 100 hombres. No se podía saber si la cifra era cierta o no, pero esa eran las aseveraciones de los prisioneros; estaba en una posición bien defendida, y tenía ametralladoras, armas livianas y parque en cantidad.  El Che entendió que adecuado no empeñar un combate directo, de resultados dudosos, ya que su fuerzas tenían aproximadamente el mismo número de combatientes, pero con armamento inferior y Sánchez Mosquera estaba a la defensiva, bien parapetado. Los rebeldes decidieron acosarlos para imposibilitar sus movimientos hasta que llegara la noche, momento propicio para el ataque.

A las pocas horas, sin embargo, llegó la noticia de que una tropa de refuerzos comandada por el capitán Sierra, estaba subiendo desde el mar. Organizaron inmediatamente dos patrullas que debían detenerla; una de ellas dirigida por Wilian Rodriguez, que debía atacarlo en la zona de Dos Brazos del Turquino. La otra comandada por el teniente Leyva, debía esperar los refuerzos para atacarlos en los momentos en que coronaran la ascensión de una serranía, a sólo dos kilómetros del lugar del combate, en una posición muy favorable para los rebeldes, y allí aniquilar la vanguardia.  De la preparación de esta última posición se ocupó el Che personalmente, dejando a cargo de la iniciativa de los otros compañeros ,la preparación de los emboscados primeros.

Todo el frente estaba tranquilo y, sólo de cuando en cuando los guerrilleros disparaban algún tiro sobre el techo de zinc de la casa donde estaban los soldados para mantenerlos en jaque. Sin embargo a media tarde, se oyó un prolongado tiroteo sobre la parte superior de la posición del Che, y más tarde, le llegaba la triste noticia: Ciro Redondo tratando de forzar las líneas enemigas, había sido muerto y se había perdido su cuerpo, no así sus armas rescatadas por Camilo. Por el lado del Che se empezaban a escuchar también los tiros con que anunciaban  los soldados enemigos su llegada, al poco rato se originaba un fuerte tiroteo y la defensa rebelde en la parte sur fueron arrolladas por el refuerzo que llegaba a Sánchez Mosquera.

 El Che se retiró. Una vez más se salvaba el esbirro.  Se dio la orden pertinente para efectuar una retirada tranquila y se fue haciendo a paso lento, para llegar al arrollo de El Guayabo y después al valle de El Hombrito, La zona más segura. Estaban heridos Roberto Fajardo, Joel Pardo, del día anterior en otro combate con Sánchez Mosquera, un combatiente de apellido Reyes, que luego muriera con el grado de capitán, Javier Pozo y Joel Iglesias y había muerto Cirio Redondo.   La pesadumbre era grande, se acusaba el sentimiento por no haber aprovechado la victoria contra Sánchez Mosquera y la perdida irreparable de Ciro Redondo, al cual en el lugar donde cayera,  se le erigió un monumento que perpetúa su presencia.

 

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